Category: literatura

Prólogo al Retrato de Dorian Grey

Esteticismo. El arte por el arte sobre todas las cosas. Esa corriente victoriana queda ejemplarmente reflejada en lo siguientes aforismos. Y aunque hay un par con los que no estoy de acuerdo (los marcaré con un “*”), el resto me parecen tan ciertos como puede llegar a serlo un verso, y dignos de ser portados en un estandarte, al menos en mi caso. Disfrutadlos.

El artista es el creador de las cosas bellas.

Revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte.

El crítico es el hombre que puede interpretar de una u otra forma su impresión de las cosas bellas.

Tanto más elevada como la más baja forma de crítica son una forma de autobiografía.

Los que dan un significado feo a las cosas bellas son personas defectuosas, corruptos sin encanto. Ésa es su falta.

Los que dan un significado bello a las cosas bellas tienen una personalidad cultivada. Para ellos hay esperanza.

Existen los elegidos para quienes las cosas bellas significan sólo belleza.

No hay libros morales ni libros inmorales. *

Los libros están bien escritos o están mal escritos. Eso es todo.

La aversión del siglo XIX al realismo es la rabia de Calibán al ver su rostro en el espejo.

La aversión del siglo XIX al romanticismo es la rabia de Calibán al no ver su rostro en el espejo.

La vida moral del hombre forma parte de los temas que trata el artista, pero la moralidad del arte consiste en el uso perfecto de un medio imperfecto. Ningún artista desea probar nada. Todas las cosas que son ciertas pueden probarse.

Ningún artista tiene simpatías éticas. Una simpatía ética en un artista es un imperdonable amaneramiento de estilo.

Ningún artista es morboso. El artista puede expresarlo todo. *

El pensamiento y la palabra son para el artista instrumentos del arte.

El vicio y la virtud son para el artista los materiales del arte.

Desde el punto de vista de la forma, el oficio modelo es el de músico.

Desde el punto de vista del sentimiento, el oficio modelo es el de actor.

Todo arte es a un tiempo superficial y símbólico. Los que buscan bajo la superficie lo hacen a su propio riesgo. Los que intentan comprender sólo lo simbólico, también lo hacen a su propio riesgo. Es al espectador, y no a la vida, a quien refleja realmente el arte.

La diversidad de opiniones sobre una obra de arte demuestra que la obra es nueva, compleja y vital.

Cuando los críticos difieren, el artista está en armonía consigo mismo.

Podemos perdonar a un hombre por hacer algo útil siempre que no lo admire. La única excusa para hacer algo inútil es que uno lo admire intensamente.

Todo arte es completamente inútil.

The Cheshire Cat

Chesire Cat, o Gato Risón, como nos lo tradujo el gigante Disney. Ese gran gato rayado de sonrisa inquietante que nació del genio de Lewis Carroll. Siendo el único que escucha a la pobre Alicia, le muestra, con lógica irrefutable, que las cosas muchas veces son más sencillas de lo que parecen… y le muestra también… que la lógica, compinchada con el lenguaje, puede hacer evidente hasta lo imposible.

Al ver a Alicia, el gato mostró su amplia sonrisa… “¡Este gato esta siempre de buen humor!”, pensó la niña… Pero, al ver sus afiladas garras y su larga hilera de dientes, pensó que no estaría de más guardar las distancias.

– Minino de Chesire -comenzó a decir Alicia de forma algo tímida, porque no sabía muy bien si le iba a gustar el nombre que le había dado… El gato extendió aún más su sonrisa.

“Parece que le ha gustado”, pensó Alicia y continuó en voz alta:

-¿Podría usted indicarme, por favor, la dirección que debo seguir?
– Eso depende -le contestó el Gato- de a donde quieras ir.
– No me importa el lugar… -dijo Alicia.
– En ese caso – le contestó el Gato- tampoco importa la dirección que tomes.
– … adonde me dirijo -continuó Alicia-, ¡con tal de llegar a algún lado!
– ¡Eso es fácil! -le contestó el Gato- ¡No tienes más que seguir andando!

¿Cómo negar la lógica aplastante de las palabras del Gato? Alicia prefirió cambiar de tercio:

– ¿Qué clase de personas viven aquí?
– En esa dirección -dijo el Gato, indicando con su pata derecha- vive un Sombrerero, y en esa otra -dijo señalando con la otra pata- vive una Liebre de Marzo… Puedes visitar a quien gustes…, ¡los dos están igual de locos!
– Pero si yo no quiero estar entre locos… -objetó la niña.
– Eso es algo que no puedes remediar -le contestó el Gato-, porque aquí… ¡todos lo estamos! ¡Yo lo estoy…! ¡Y tú también lo estás!
– ¿Cómo sabe que estoy loca? – le preguntó la niña.
– Tienes que estarlo -le dijo el Gato-, porque de lo contrario… ¡no estarías aquí!

Alicia no creía que eso fuera una prueba irrefutable, pero decidió pasarlo por alto y siguió preguntando:

– ¿Y cómo podría probarme que está usted loco?
– ¡Eso es fácil! -le comentó el Gato-. Comencemos. Premisa mayor. El perro no es un animal loco. ¿Estás de acuerdo?
– Supongo que sí -dijo Alicia.
– Bien. Premisa menor. El perro gruñe cuando está enfadado y mueve la cola cuando está contento. Yo hago justamente lo contrario. Muevo el rabo cuando estoy enfadado y gruño cuando estoy contento. Luego… ¡yo estoy loco!

(…)

¡Y hágame el favor de no aparecer y desaparecer de forma tan súbita! ¡Me está usted mareando!
– ¡Cómo gustes! -le dijo el Gato.

Y en esta ocasión se esfumó muy lentamente, empezando por el extremo de la cola y acabando por la sonrisa de su boca, que permaneció flotando en el aire cuando ya el resto del cuerpo había desaparecido.