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El artista reconoce al artista.

Escribo esto en respuesta a una entrada de blog que me llamó mucho la atención, incluida la conversación que se fraguó después de él. Por ello, espero que leáis este texto después de haber entrado en el link.

¿Necesita el escritor vivir en la tragedia? Mejor dicho, como se puntualizó después, ¿el artista? (Pintores, poetas, añado, bailarinas, músicos…) Todos ellos expresan lo mismo de distintas maneras, pero podemos englobarlos a todos continuando con el ejemplo del escritor. Se dijo que aman la tragedia porque les da algo sobre lo que escribir (pintar, versar, bailar, componer, interpretar), en definitiva, algo que expresar, que transmitir.

Las respuestas, los han relacionado con los emo (a diferencia de una tribu urbana, esto es tan viejo como el mundo), han animado a vivir la realidad y sacar lo mejor de ella, han hablado de la felicidad, de esas cosas maravillosas, sobre las que escribir, han hablado de tantas cosas escritas por muy distintas personas, sin tragedia. Han hablado de lo que el dolor puede sacar, y de la paz que se puede encontrar, como animando a la autora a no caer en su propia tragedia, como si, al argumentar su propio pensamiento, también la animaran a buscar su propio equilibrio, dando la razón en un “hay algunos, pero busquemos la chispa de la vida”… como sí “fuese una opción”. ¿Ser artista es una opción?

Para bien o para mal, me considero una de esas personas que viven arte. Soy bailarina y escritora, pero también dibujante, coreógrafa, pintora, compositora, lo que se me ponga por delante. Artista y punto. No he dicho que sea buena. Sólo que no puedo vivir sin ello. La autora del texto original hizo una importante distinción (que se puede aplicar a todos los campos del arte) entre una persona que escribe bien, y un escritor (aparte quedan los escritores académicos). Es quien lo necesita más que el amor, como su propia supervivencia.

Y aquí he de contestar por fin. No es la tragedia en sí misma lo que busca el artista. Hay que tratar de ser feliz, y buscar, ya lo han dicho, la chispa en todo. Me consideran una persona positiva y, no me tiro flores, es cierto. Pero el artista, el de verdad, sin buscarlo, vivirá en la tragedia. No necesariamente será infeliz, o con una vida desequilibrada. Pero le será muy fácil, porque en ella busca parte de esa felicidad inalcanzable, al menos en esta vida.

¿Qué les ocurre a los artistas? Han cometido el craso error de iniciar la senda de la búsqueda de la Belleza. (Son como los filósofos con la Verdad, pero con otra sensibidad.) Tomo una cita: Así, sólo disfrutan del dulce regusto de la tragedia deseada. Del amor avocado al fracaso. El amor al arte que nunca será consumado y nunca será bastante. (…)Los ARTISTAS aman a su arte por encima de todo y de todos, y eso es algo que les provoca el cierto sufrimiento de la incomprensión. Aman algo tan sublime como lejano, inalcanzable. Y su felicidad está en buscarlo, como un amante despechado. Su camino está condenado a la frustración, y al mismo tiempo es el que más los satisface, el único que les llena. Tanto, que duele. Aunque sea sólo contemplativo, más si es creativo. Como el Amor.

Por ello, incluso escribir sobre la felicidad implica angustia, porque es algo enorme que no se puede abarcar con tus pobres palabras, pero no puedes dejar de intentarlo, de buscar la completa unión. Si al escribir, sea sobre la tragedia o sobre la felicidad, no te duele el pecho, será una persona que escribe, pero o un artista. Pero esa angustia es menor que la del vacío, cuando, por una razón o por otra no has podido pararte a escribir, cantar, bailar, dibujar…, o contemplar. Su ausencia es tan terrible como esa enfermedad que llaman depresión. Sólo que tiene fácil cura. O una media cura, por que cambias sufrimiento por el dulce regusto de la tragedia deseada. El sufrimiento vital, inspira, la felicidad, cuando pasa la euforia, también. Pero la vida siempre tiene ambas juntas, un amplio matiz de grises, y el artista nunca podrá concentrarse en un solo color.

Nunca será feliz del todo, incluso aunque se acerque lo más posible a eso que en filosofía llaman vida lograda. En realidad nadie será completamente feliz. Sólo que el artista lo sabe mejor que nadie, porque lo siente profundamente… Por eso, tal vez más lejos de la realidad que el resto, en su tragedia…, está más cercano a la vida en todos sus matices, y es más feliz que nadie con su don, o su maldición.

Para Eterna-Kyo-Actriz-Bailaora-Escritora-…
De The_Jolly_Joker-Tooru-Bailarina-Actriz-Escritora-…

Esferas

El proyecto de un grupo de música siempre me ha llamado la atención. Realmente me extasía escuchar música, y entonces siento un enorme impulso de componer la mía propia, de escribir y cantar. Un triste detalle es que generalmente oyes muchos estilos de música, pero sólo puedes interpretar uno si quieres tener cierta coherencia comercial. ¡Qué rabia depender de eso! Pero si hiciera mi propio grupo, tal vez soy demasiado idealista, no sabría, o no querría ceñirme a ello. Haría exactamente la música que me gustaría escuchar, y aunque no fuera fácilmente clasificable, tendría una coherencia propia. Desgraciadamente, este proyecto, por diversas circunstancias, nunca ha salido adelante. Es una dolorosa falta, pero ya ahora estoy estudiando, bailando, escribiendo y dibujando. Por el momento, no da la vida.

Pero en definitiva, es todo lo mismo. Para un alma sensible, hiere lo mismo una bella canción que un hermoso relato. Y se inflama igual el deseo de crear ante una estatua que ante un ballet. ¿Por qué al artista le inspira el arte mismo, por qué no se conforma con la contemplación? ¿Por qué sobre un cuadro escribe un poema, y sobre un poema una canción? Al final el campo es lo de menos, el arte es arte, y punto. Por eso puedo hacer extensible lo que dije antes: “hacer la música que te gustaría escuchar”.

Es lo que hago en otros estilos. Escribo lo que me gustaría leer, dibujo lo que me gustaría mirar, bailo lo que me gustaría transmitir (con la danza es un poco distinto, porque pocas coreografías son propias por ahora, soy más bien una intérprete). Y bajo esa premisa nace cada vez algo diferente. Por eso los relatos y los dibujos son obras completas, redondas, susceptibles de ser perfeccionadas, por supuesto, pero sólo hasta cierto punto, en la medida en la que se parezcan a sí mismas, a su mensaje original. Al escribir lo que me gustaría leer, el ejemplo más fácil y notorio, al ir añadiendo una palabra, una expresión… se hace sólo, como si yo sólo fuera una intermediaria para añadir algo al mundo, que estaba incompleto sin él. Sin ese relato concreto, sin esa única combinación de pensamientos y sentimientos. Y la próxima vez será completamente distinto, y sólo podré controlarlo un poco, porque si cambiara una sola palabra arbitrariamente, de las que fluyen por sí mismas, perdería su armonía por completo. Otra cosa, repito, es pulirla porque en ocasiones al plasmarlo pierde parecido consigo mismo.

Sé que todo esto suena un poco raro, como si las obras de arte estuvieran esperando en alguna parte a ser traídas al mundo. No es así. Pero el mundo está incompleto, a nuestros ojos, de un modo concreto, cada vez que nos sentamos ante el papel, la partitura… Y lo único que hacemos es responder a esa necesidad imperiosa que nos invade detalle a detalle, como puliendo una esfera. Y cuando la terminamos, el mundo ha cambiado, nosotros también, haremos cosas antes de volver a sentarnos, evolucionaremos… y empezaremos otra esfera nueva. Y cada vez el mundo será más hermoso, pero nunca lo suficiente. Y cada una de esas esferas, será como un niño pequeño, que hay que mimar, cuidar, amar, hasta que alcance su madurez, y después, para que no lo hieran, no lo manchen.

Nunca terminamos una obra, salvo en el preciso momento en el que se nos hizo presente, antes de empezarla. Y no me refiero a modificarla –ojalá no sea necesario, fuera de las correcciones básicas–. Si no a quererla, difundirla, pensarla, entenderla más profundamente, explicarla. Porque adquieren, al nacer, una extraña inefabilidad, incluso para el propio autor, precisamente porque todo lo que se podía decir está ahí mismo. Y están ahí para siempre, vivas sólo cuando se les atiende, y a quien más anhelan, a quien siempre esperarán, es a su propio autor, el único que conoce su sentido completo. Porque escribió lo que querría leer, qué menos que leerlo luego. Aunque en ocasiones sea difícil, terrible incluso, para su pudor. Para los demás será siempre un eterno enigma del que sacar algo nuevo, para el autor, un amor que nunca dejará de inspirarle más. Que puede convertirse en odio, por supuesto. Y muchas veces lo hace. Pero nunca es indiferencia. Por eso, cuando un artista muere, nos deja una antología de misterios. Un poquito tristes ante los varios intérpretes, pero tal vez por eso más maravillosos.

[1]La imagen es de la portada del disco Nigthfall in Middle Earth, de Blind Guardian.