Category: vida

Esferas

El proyecto de un grupo de música siempre me ha llamado la atención. Realmente me extasía escuchar música, y entonces siento un enorme impulso de componer la mía propia, de escribir y cantar. Un triste detalle es que generalmente oyes muchos estilos de música, pero sólo puedes interpretar uno si quieres tener cierta coherencia comercial. ¡Qué rabia depender de eso! Pero si hiciera mi propio grupo, tal vez soy demasiado idealista, no sabría, o no querría ceñirme a ello. Haría exactamente la música que me gustaría escuchar, y aunque no fuera fácilmente clasificable, tendría una coherencia propia. Desgraciadamente, este proyecto, por diversas circunstancias, nunca ha salido adelante. Es una dolorosa falta, pero ya ahora estoy estudiando, bailando, escribiendo y dibujando. Por el momento, no da la vida.

Pero en definitiva, es todo lo mismo. Para un alma sensible, hiere lo mismo una bella canción que un hermoso relato. Y se inflama igual el deseo de crear ante una estatua que ante un ballet. ¿Por qué al artista le inspira el arte mismo, por qué no se conforma con la contemplación? ¿Por qué sobre un cuadro escribe un poema, y sobre un poema una canción? Al final el campo es lo de menos, el arte es arte, y punto. Por eso puedo hacer extensible lo que dije antes: “hacer la música que te gustaría escuchar”.

Es lo que hago en otros estilos. Escribo lo que me gustaría leer, dibujo lo que me gustaría mirar, bailo lo que me gustaría transmitir (con la danza es un poco distinto, porque pocas coreografías son propias por ahora, soy más bien una intérprete). Y bajo esa premisa nace cada vez algo diferente. Por eso los relatos y los dibujos son obras completas, redondas, susceptibles de ser perfeccionadas, por supuesto, pero sólo hasta cierto punto, en la medida en la que se parezcan a sí mismas, a su mensaje original. Al escribir lo que me gustaría leer, el ejemplo más fácil y notorio, al ir añadiendo una palabra, una expresión… se hace sólo, como si yo sólo fuera una intermediaria para añadir algo al mundo, que estaba incompleto sin él. Sin ese relato concreto, sin esa única combinación de pensamientos y sentimientos. Y la próxima vez será completamente distinto, y sólo podré controlarlo un poco, porque si cambiara una sola palabra arbitrariamente, de las que fluyen por sí mismas, perdería su armonía por completo. Otra cosa, repito, es pulirla porque en ocasiones al plasmarlo pierde parecido consigo mismo.

Sé que todo esto suena un poco raro, como si las obras de arte estuvieran esperando en alguna parte a ser traídas al mundo. No es así. Pero el mundo está incompleto, a nuestros ojos, de un modo concreto, cada vez que nos sentamos ante el papel, la partitura… Y lo único que hacemos es responder a esa necesidad imperiosa que nos invade detalle a detalle, como puliendo una esfera. Y cuando la terminamos, el mundo ha cambiado, nosotros también, haremos cosas antes de volver a sentarnos, evolucionaremos… y empezaremos otra esfera nueva. Y cada vez el mundo será más hermoso, pero nunca lo suficiente. Y cada una de esas esferas, será como un niño pequeño, que hay que mimar, cuidar, amar, hasta que alcance su madurez, y después, para que no lo hieran, no lo manchen.

Nunca terminamos una obra, salvo en el preciso momento en el que se nos hizo presente, antes de empezarla. Y no me refiero a modificarla –ojalá no sea necesario, fuera de las correcciones básicas–. Si no a quererla, difundirla, pensarla, entenderla más profundamente, explicarla. Porque adquieren, al nacer, una extraña inefabilidad, incluso para el propio autor, precisamente porque todo lo que se podía decir está ahí mismo. Y están ahí para siempre, vivas sólo cuando se les atiende, y a quien más anhelan, a quien siempre esperarán, es a su propio autor, el único que conoce su sentido completo. Porque escribió lo que querría leer, qué menos que leerlo luego. Aunque en ocasiones sea difícil, terrible incluso, para su pudor. Para los demás será siempre un eterno enigma del que sacar algo nuevo, para el autor, un amor que nunca dejará de inspirarle más. Que puede convertirse en odio, por supuesto. Y muchas veces lo hace. Pero nunca es indiferencia. Por eso, cuando un artista muere, nos deja una antología de misterios. Un poquito tristes ante los varios intérpretes, pero tal vez por eso más maravillosos.

[1]La imagen es de la portada del disco Nigthfall in Middle Earth, de Blind Guardian.

At Darlington Hall

Sobre las entradas, Filosofear, Enanos con mal genio, En la mediocridad del vestíbulo y De vida o muerte, de Philip Muller.

Para empezar, me encantan tus entradas. Escribes genial, y no solo es el cómo escribas, sino qué escribes. Se nota que te planteas las cosas, que no las das por sentado. Pero hay algunos puntos sobre los que me gustaría abrir un pequeño debate y, como los comentarios no están para extenderse demasiado (originalmente esto iba a ser un comentario), y me parece que puede ser interesante para todo el que lo quiera leer, te dedico una entrada en mi blog. Escribo en segunda persona por que me resulta más sencillo en este caso, para no perder la referencia pero, repito, es para todo el que lo quiera leer. Haciendo click sobre la imagen se va a los originales.

Estoy de acuerdo a grandes rasgos con Filosofear, Enanos…, En la mediocridad…, y De VidaLéanse. Pero en todos ellos hay como un pensamiento de fondo, una idea que me llama la atención. Sobre todo esta muy marcada en Filosofear y En la mediocridad… Por eso los comento juntos.

Por un lado hay como una especie de realismo, de autocrítica insalvable, que se puede resumir en “sólo soy un alumno de primero”, y parece no tener solución, salvo esperar al título universitario, a ser un Rimbaud, a llegar a tener un día delicioso, a descubrir por qué la vida es valiosa. Algo así como deseos imposibles.

Y sin embargo también dejas mostrar como que hay personas que logran ese imposible, o que podrían estar haciéndolo sin que tú participes.

No creo que las cosas sean así. Mejor dicho, lo son hasta cierto punto. Hasta en el momento en el que se te “va la autoestima” por decirlo de algún modo. La mediocridad no es un mal insuperable, es común, sí, nunca será suficientemente eliminada en uno mismo, eso también, pero se puede avanzar. Y la carrera de filosofía no es para tener un título, es para aplicarla a tu vida. Y si te dicen que lo pareces, créetelo, igual es lo único que te falta para empezar a serlo. No es necesario estudiar filosofía para ser filósofo, no tiene que ver con la edad. Dices, se ha dicho, yo misma lo tengo en una de mis imágenes laterales, que el filósofo es el que tiene capacidad de asombro. Pero nunca lo lograrás si esperas al amanecer perfecto, por que no llegará. A asombrarse por todo se aprende, como a todo. Y se aprende mirando. Mirando hasta que te das cuenta de lo extraordinario que es eso que has visto. Sólo es necesario planteártelo, ver eso como lo vería un niño. No es algo que tienen algunos, sino una actitud que se adopta. Y cualquiera puede hacerlo.

En cuanto al derecho a criticar, te han comentado que “To have a right to do a thing is not at all the same as to be right in doing it”. Es cierto. Pero creo que el asunto está mal enfocado. Eso puede aplicarse a los adolescentes, sí, pero este no es el caso. Y si lo es, es problema del sujeto en cuestión. Cómo te consideres a ti mismo, no lo sé, pero te diré una cosa. Ante una crítica a la sociedad, (con esto no quiero legitimar el raje en general), la pregunta no es qué derecho tiene el que la formula, sino si está bien fundada. Es más, no es un derecho, sino un deber. La sociedad no es un mundo ideal, pero el conformismo es la clave de su éxito. No sirve de nada dedicarse a cambiar el mundo en una sala de estar, pero quienes son conscientes de sus errores (y aciertos), están en la obligación de denunciarlos, para que la sociedad evolucione. Ésta lo ha hecho gracias a núcleos pensantes. Y no hay edad límite, sólo pensamientos válidos o no. No puedes esperar a que los apuntes te hagan pensar, sólo sirven de material de base (que es mucho), pero lo que desarrolles es sólo tuyo. ¿No tienes la inquietud de aportar? Por que habiendo leído tus ensayos, creo que tienes el potencial de hacerlo. De hecho espero que lo hagas. Y si llegas a licenciarte sin haberte asombrado por nada, da igual el título, da igual, no serás un filósofo. Aunque seamos muy pocas las personas que lo dudemos.

Pero no será necesario, por que sin darte cuenta lo eres. Sin darte cuenta, criticas a los que critican, los estudiantes, a ti mismo, a las personas prepotentes, a la mediocridad. Tenemos mucho que aprender, sí, pero no podemos esperar a terminar de asimilarlo todo para hacer algo, (aunque sólo sea en el ámbito de una clase universitaria), por que ese momento nunca llegará. Tenemos que ser humildes para ser sabios, sí, por que si no no avanzaremos ni estaremos en la verdad, pero en cada momento tenemos que arreglárnoslas con lo que tenemos.

Por que la sociedad es responsabilidad de la universidades. Y de aquellos que, no estando en una, posean ese espíritu. Lo que hagamos será mucho o poco. Tal vez no veamos los resultados. Pero nunca será indiferente. Rimbaud no sabía que lo era. Y hay que intentarlo, no vaya a ser. Tal vez sólo trascienda una frase tuya a la historia. Pero no sabes cual va a ser. Ni cuando la dirás. Así que cuidado con cada una que escribas. Pero la peor tragedia sería que nunca llegaras a formularla.

Y lo mismo ocurre a nivel personal. Que los días sean buenos o deliciosos no es algo vetado a unas pocas personas maravillosas. El valor de la vida, no es algo que demostrado teóricamente pueda darse a la gente como argumento irrefutable de su felicidad. El que la gente se suicide (una tragedia, no es que quisiera que pasase una sola vez más), es lo que demuestra que la felicidad es posible. Por que si existiera un argumento capaz de dar valor a la vida, si el saber que cada día es especial o el amor nos viniera dado, no tendría ninguna gracia. No seríamos felices, seríamos autómatas. Y no tendría sentido escribir. Que tu vida sea una masa informe depende de ti, otra vez. Pasar del vestíbulo a la casa es un paso que se da en cada acción, nadie mora en la casa. Pero muchas personas habitan en el vestíbulo, es cierto. Donde hay que vivir es en el pasillo. El camino de la felicidad es ella misma, y sí, está reñido con la mediocridad.

En realidad, viendo lo que has escrito, tú sabes muy bien todo esto. Lo único que te falta es un poco de optimismo, no hacia la sociedad (eso no sería realista), sino hacia las capacidades del ser humano. De las cuales, de momento, sólo tienes acceso a las tuyas propias, y por ellas, hasta cierto punto a las de las personas de tu alrededor y quien sabe quién más. A por ello.
Bueno, no sé si entendí bien el fondo de tus ensayos. Si no lo hice y esto era innecesario para ti, en cualquier caso el tema queda abierto para que lo lea cualquier persona a quien sí le haga falta. Ánimo y sigue f-i-l-o-s-o-f-a-n-d-o.