¿Tal vez padezco Complejo de Autosuficiencia?
¿Tal vez tanta producción, tanta promesa, tanto blog y tanto ensayo no son más que un copycat más de todos aquellos que se creen capaces de cambiar el mundo? ¿Para qué tanta filosofía? ¿Tal vez soy demasiado inocente desde detrás de mi teclado? ¿Cuántas personas habrán querido cambiarlo todo con un libro, un ensayo, una idea?¿Todo quedará acaso en el olvido? ¿O quizá desencadenará una serie de reacciones y acontecimientos que no espero? ¿Si soy una más, no somos multitud? El poder de esa multitud es que cada uno actúa solo, a su manera, sin contacto real, cada uno según sus ideas… pero persiguiendo lo mismo. Cada uno se cree autosuficiente. Si soy la primera, ¿no puedo hacer multitud, puedo mover a la masa? ¿Puedo hacer algo real de una idea surrealista?
¿Cómo sé si soy el original o una copia? ¿Quién instiga la revolución? ¡¿Cómo lograr el cambio?, veo tanto, veo tanto que cambiar! Pero. ¿quién soy yo? ¿Qué papel tengo? ¿Es que hay alguien capaz de combatir la injusticia?
Y sin embargo, ¿acaso debo actuar como una sordomuda ante todo ello?
“I thought what I’d do was, I’d pretend I was one of those deaf-mutes.” (Salinger)
¿Caer en la desesperación de enfrentarme a una máquina social perfecta, automática?
No.
Todavía soy demasiado idealista.
Soy libre.

¿Supone entonces esa diferencia fundamental de nuestra percepción del mundo un problema? Mi respuesta es que no. No se trata únicamente de que actuemos de igual modo ante lo que percibimos, que es un signo muy importante de esto que estoy diciendo. Lo que hace que el que veamos colores diferentes no sea relevante, es el hecho de que cuando mi amiga señalaba un clavel con el dedo de niña, orgullosa de ir ampliando su bagaje de palabras, y decía “rojo”. Yo respondía “sí, rojo”.
Al margen de nuestras imágenes internas, lo importante es que estábamos nombrando de igual manera una misma propiedad física presente en el objeto e independiente de nosotras, no nombrábamos una propiedad de nuestras percepciones. El valor de nuestro conocimiento era exactamente el mismo. Ambas conocíamos la realidad a través de nuestros sentidos. Y podíamos saber, sin planteárnoslo, que accedíamos verdaderamente a una realidad subyacente porque podíamos comunicarla con los demás, que también accedían a ella, y ser entendidas.
Por eso somos capaces de crear conocimiento a partir de un mundo completamente indiferente a los intercambios de información sobre él. Sabemos que accedemos a las mismas realidades físicas, y somos los únicos en hacerlo. A veces, acostumbrados a vivir entre nosotros, olvidamos que somos una minoría ante la generalizada idiotez del cosmos. Aterradoramente inconscientes de nuestra consciencia, nos movemos entre nosotros dando por sentado en la práctica que la naturaleza es de asfalto y cemento.